domingo, 2 de octubre de 2011

Amnesia digital


Nunca olvidaré mi primera computadora: una preciosa Macintosh Classic. Los imperativos económicos muy a mi pesar me llevaron al mundo de los clones y a otros sistemas operativos... con un grave descuido de mi parte: no trasvasé a los nuevos formatos lo que tenía en mi joyita. Pasaron los años... ¡y ya no sé como recuperar esos archivos!
Admito que me alertaron: los CD, DVD e incluso los discos duros, con el tiempo, aunque no se usen, terminan por ser inutilizables. No hice caso. Pero, vía Le Monde, llegué a un informe presentado a la Academia de Ciencias del Instituto de Francia que sentencia: “los medios digitales tienen una vida útil de cinco a diez años”. Esto es gravísimo, dada la actual expansión de la acumulación de datos por vía digital: en 2007, 281 millardos de gigabytes, es decir, 45 gigabytes por cada ser humano; en 2011, 1.800 millardos de gigabytes, diez veces más que en 2006. Las grandes instituciones se han lanzado a una “migración perpetua” para asegurar la perennidad de la información...
Pero veamos más allá. Ubiquémonos en una escala de milenios. Digamos que, en medio de un cataclismo, nos arreglamos para salvar un disco duro en los pliegues de una cueva. El año 4.000 es descubierto por nuestros descendientes. ¿Qué podrán extraer de él?  Muy probablemente menos que la copiosa información que se extrajo de los manuscritos del Mar Muerto dos milenios después de haber sido ocultados en grutas.
En cierta forma, la precariedad del soporte digital y la incertidumbre respecto a la disponibilidad permanente de medios para leerlos, pone al legado del género humano, en el largo plazo, en condición volátil. Un cataclismo, un colapso de los sistemas, un parpadeo en la “migración perpetua”, podría hacer perder tesoros a la humanidad. Podría perderse, de haber puesto todas las fichas en la ruleta digital, incluso la continuidad de la especie. ¿Habría que comenzar todo de nuevo?
Hace millones de años nuestros ancestros comienzan un proceso que los lleva a un momento fundacional: el surgimiento de la lengua. La cultura desplaza entonces a la biología como principal factor evolutivo. Nace la humanidad. Ésta es, ante todo, lengua, lenguajes: capacidad simbólica para aprehender, proyectar, rememorar, imaginar. Su soporte ha sido el aire, la piedra, el papel y, hoy, de manera creciente, lo digital. Rara vez ha habido tanto en juego.
Ya comienzan los libros digitales... ¿los podrán leer mis nietos como yo leo los libros de mi abuelo? Por de pronto me he dado a la tarea de imprimir todo lo fundamental, esperando que el mercado ponga rápidamente a disposición de los simples mortales la “migración perpetua”.


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