sábado, 29 de enero de 2011

¿Qué hablaremos en 2050?

Una de las bases del poder de las lenguas es la demografía. Por ello, una de las claves para atisbar sus futuros allí se encuentra. Resulta instructivo entonces revisar las perspectivas hacia el 2050, año en que saltaremos de los 7 millardos de personas actuales a 9.
En la India y buena parte de África, el inglés, si lograse sumar a su rol de lengua de administración, negocios y educación superior el de lengua materna e identitaria, se estaría asegurando la sólida continuidad de su preponderancia actual. En efecto, en el 2050 la India, con 1,5 millardos de habitantes será la primera potencia demográfica mundial y Nigeria habrá saltado de 132 a 258 millones. Pero que el pragmatismo desplace a la identidad luce poco probable: los hablantes necesitan sentir que su lengua los encarna profundamente. Además no parece haber recursos ni voluntad para ello. Así, el inglés permanecerá, en términos cuantitativos, minoritario en estos territorios. El gigante de la India pareciera ser el hindi: agrupa el 34% de los hablantes y, unido al urdu, hablado en Pakistán y del cual poco difiere, se proyecta como una de las grandes lenguas del futuro.
China, pasará de 1,3 a 1,4 millardos: descenderá a segundo gigante demográfico, retrayéndose porcentualmente del 18,5% al 15,5% de la población mundial. No parecen entonces los números halagadores. Pero no cabe duda de que el mandarín tiene un enorme potencial de expansión. En muy primer lugar, hacia adentro: 33% de la población china no domina a cabalidad la lengua nacional, sino idiomas que no permiten la intercomprensión con ella. La expansión masiva fuera de sus fronteras parece más cuesta arriba: la competencia entre las grandes lenguas es feroz y el aprendizaje muy difícil para aquel que no posea de arranque una lengua aparentada. Sin embargo, aunque esto no implique necesariamente más hablantes, no parece imposible que el mandarín expanda sus territorios. En efecto, la población en Rusia, de lejos el país más vasto del mundo, pasará de 143 millones a 101, y China, a sus fronteras, probable primera potencia económica mundial, sobrepoblada, necesitada de agua y territorio... podría desbordarse.
Con respecto al español, la Britannica World Data asevera que para el 2050 será hablado por el 10% de la población mundial, es decir 900 millones de personas. Confieso que el cálculo me parece exagerado: los hablantes de los países hispanohablantes sumarán alrededor de 600 millones. Ciertamente, cabe prever una fuerte expansión en los EEUU y Brasil y, de continuar la tendencia a ser la segunda lengua más estudiada en el mundo, podríamos sumar muchos más, pero la cercanía al millardo parece irrealista. En todo caso, y por mucho, se afianzará aún más como la primera lengua del continente... a menos que Brasil o Estados Unidos, desde su unidad política, saquen ventaja de la presente condición de archipiélago del mundo hispanohablante.
El árabe no cojea por el lado de la demografía. Un país como Egipto, por ejemplo, pasará de 74 a 127 millones. Sin embargo el problema es que esta lengua se fragmenta en múltiples variantes de difícil o imposible intercomprensión y que el árabe clásico, literario o estándar no es hablado en la cotidianidad por nadie… pero hay quien sostiene que en las salas de redacción de Al Jazeera se está forjando un árabe moderno y accesible a todos.
A la entrada en barrena demográfica del ruso hay que sumar la del alemán, el italiano y el japonés. De no oponer estos pueblos factores cualitativos a la mengua poblacional, puede esperarles el ir a la zaga de los poderosos de turno. Y esto es aplicable a toda Europa: pasará de ser el 12% de los habitantes del planeta... a 7% en el 2050.
          Se diría entonces que el español, el hindi, el inglés y el mandarín son las lenguas que marcarán más el futuro próximo. Un futuro muy asiático: 60% de la población del mundo en un solo continente.

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